"Hay una parte de la infancia que tiene que ver con la fantasía y la creación, con la capacidad lúdica del sueño, que los adultos vamos perdiendo. Eso es lo que tenemos que defender: la posibilidad de creerme astronauta y serlo, por ejemplo".

La voz en el teléfono no se cansa de explicar el mundo que piensa para los niños, el que, está convencida, debe sostenerse para que seamos más felices. La voz es la de Candela (Analía García), quien en 1988 compuso "El sapo Pepe", una canción que genera algo mágico en los chicos y que fue absorbida casi inmediatamente en los jardines de infantes.

Pero desde hace poco más de un año también la cantan los grandes gracias a esa publicidad que se animó a jugar con el pegadizo estribillo, que se "escapa" repentinamente cuando varios jóvenes padres de familia que circulan en un auto y necesitan comprar pañales intentan hacerse los galanes ante seductoras mujeres que ven al pasar.

"La historia de Pepe cuenta que Papa Noel tenía un ayudante jardinero, que era un sapo, y esperaba ansiosamente que algún chico lo pidiera para Navidad. Intenta remarcar algo que debe ser fundamental que aprendan los chicos, y es que las diferencias son siempre positivas. Un sapo como mascota no se le ocurriría a nadie, pero el sapo llega a la casa de Las Pepas y les cambia su mundo y las llena de alegría", contó Candela.

"El sapo Pepe y Las Pepas" se presentarán esta tarde en tres funciones en el teatro Alberdi, lo que refleja el gran éxito del personaje. - ¿Cómo surgió la canción?- La escribí para mis hijas en 1988. Los sapos siempre habían sido los malos de la película, como cuando el príncipe se convertía en sapo por una maldición. Yo quise mostrarlo como un animal normal y querible. Valoro mucho lo inclusivo, e incluí algo que con frecuencia es rechazado. Hoy un niño ve un sapo y lo llama Pepe, algo que me emociona mucho. Esto quiere decir que los niños de hoy ya no lo ven como el feo o el malo. Las generaciones nuevas son mucho mejores que nosotros. Tienen más conciencia sobre lo ambiental, desde el simple hecho de no tirar un papel al piso, algo que los adultos siguen haciendo. Los chicos entienden que hay que cuidar la naturaleza. Y creo que si las cosas se escriben con el corazón es más sencillo que lleguen al corazón.

- ¿Y en la obra cómo se plantea esta situación?

- Bueno, Sapolandia está libre de contaminación, es un lugar mágico donde todo es posible. No está mal generar lo idílico en la infancia; después la vida te va acomodando. Es necesario soñar, utilizar la imaginación. Hay canciones, bailes y un cartero que llega con sorpresas. En el trabajo de Las Pepas (que son mis hijas), hay gran valor pedagógico, porque una es maestra jardinera y la otra se expresa con lenguaje de señas. Nos propusimos hacer algo divertido y que enseñe, a la vez, con mensajes simples. También hay proyecciones. Es un espectáculo realizado para la avenida Corrientes, pero que también se lleva al interior. Y realizado desde el corazón. Somos 14 los que nos movilizamos en la gira y realmente disfrutamos del espectáculo. Los actores deben amar a los niños, eso es indispensable para que puedan subir al escenario, para que los chicos estén felices. Porque, insisto, es una actuación desde el corazón. Un espectáculo para toda la familia. Verles las caritas a los chicos cuando Pepe canta la canción es una cosa mágica, no se puede transmitir. No deja de emocionarme cada vez que pasa, hasta el punto de llorar. - ¿Y la historia?- Bueno, Pepe tiene cuatro años, como cualquiera de los chicos que están sentados en las butacas, con sus travesuras y fantasías. Desde allí parte la historia. Pero, insisto, siempre debemos pensar en lo inclusivo, porque las diferencias no restan, sino suman.